lunes, 12 de septiembre de 2016

Lizette Arditti

“A la hora de estar con el cuadro ya no estoy pensando ni en la idea ni en el paisaje, estoy con la pintura en sí misma”

La Luna de las rocas / Acrílico sobre tela / 133.5 x 133 cm / 2016

LIZETTE ARDITTI
Por Avelina Lésper

Las montañas del Tepozteco enmarcan su jardín, las ve desde el amanecer hasta que oscurece, son una misteriosa compañía.  

LA PAZ DEL ARTE
Lo que quiero lograr cuando el espectador se ponga frente a una obra mía es que sienta realmente un remanso, un oasis en medio de la violencia, de la injusticia y de todo este dolor que nos causa la situación, de México por ejemplo, que siento profundamente. Es tratar de decir “regresemos a lo que no hace daño, a contemplar un paisaje, un árbol que nos va a regresar algo de lo que hemos perdido en este entorno tan violento”.

VIVIR LA CREACIÓN
Pintar las montañas o pintar lo que me rodea, así de bello, tiene que ver con una metáfora que hago de todo eso. Es importante la vivencia que tengo con la pintura, más allá de lo que veo y percibo, de lo que pienso y quisiera poner en un cuadro, más allá de cualquier idea, está mi vivencia con la pintura, cómo me relaciono con los materiales, la composición, los colores y lo que es propio del lenguaje de la pintura. A la hora de estar con el cuadro ya no estoy pensando ni en la idea ni en el paisaje ni en la Luna, estoy realizando, creando una cuestión que ya no es el paisaje, estoy con la pintura en sí misma.

SILENCIO CREATIVO
Al estar creando una obra hay que estar con uno mismo, y tener silencio, un silencio externo y también interno para dar un diálogo que siempre está en nuestra cabeza, y entonces es cuando estás exactamente con la pintura y se vuelven uno. Ése es el momento en que los pintores decimos que estás en un momento ensimismado o inspirado. 

SOLEDAD CREATIVA 
Estar absorto es lo que hace que la creación sea directa, no dar por hecho ninguna pincelada, que cada una sea única; porque cada color que vuelvo a poner, cada toque nuevo a la pintura lo transforma todo. Cuando tengo una cosa que me fascinó en el cuadro y que ya no quiero tocar porque siento que se va a ir ese momento, es un parto casi, tocar ese cuadro de nuevo para transformarlo porque se tiene que transformar, no se puede quedar ahí porque no me conformo tampoco; algo muy extraño pasa con eso. Hay momentos en el cuadro donde realmente hay un acercamiento muy suave y hay otros momentos en que lo quiero destruir, transformarlo completamente y entonces es un trance diferente.

LA MEMORIA SOLITARIA
No soy una pintora que sale al campo a pintar, soy una pintora que retiene memorias de todo ese entorno y entonces las recreo en mi estudio. Creo que una de las partes importantes en la pintura es la creación, es la recreación, no lo que copies, no lo que rellenes, eso limita, la pintura es más vivencial y eso es lo que tiene que ver conmigo, con lo que veo, con lo que me impresiona, con lo impacta en términos más afectivos.

LA LUNA DE LIZETTE ARDITTI
Me concentré en la noche, en la luz de esa Luna misteriosa que sale entre las montañas cuando apenas está repuntando desde un ángulo, es una luz a la que los perros empiezan a ladrarle, los animales se inquietan de verdad, la ven con más inocencia. Voltear la mirada a ese momento y darte cuenta que está a punto de salir una luz que viene del firmamento y que pronto va a empezar a hacer su aparición, para mí es un momento muy misterioso y quise plasmar ese momento, es una idea que tengo siempre, porque la veo en este Tepoztlán. 

Sin título (Periódico intervenido) / Acrílico sobre papel (Diario Extra) / 41 x 28 cm / 2016




Vive en Tepoztlán desde hace 38 años, y su preocupación es pintar ese entorno que la absorbe. Es psicoanalista, en su consultorio ella escucha a sus pacientes y la pintura es la que la escucha a ella, que se proyecta y muestra. Le ha tomado muchos años crear un lenguaje que fluya entre ella y la pintura, que abra un diálogo interno.

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